Thursday, July 28, 2011

27'-28 de Julio


Lima es como cualquier ciudad moderna del mundo globalizado. Hay lugares paupérrimos, donde la pobreza es deprimente, y lugares elegantísimos obscenos, donde puedes caminar sin temor a ser asaltado de repente. Donde yo vivo la delincuencia es latente, o sea de la nada una bala se te cruza y, si eres salado, te puede atravesar el cerebro.  Así dejé el Callao.  Bueno, exagero un poco porque hay partes en el Callao donde se ve la abundancia económica de la que tanto se habla. Pero lo que más me impacta es la cercanía de estas zonas afortunadas con las menos privilegiadas. Un gran ejemplo es la cercanía del distrito de la Punta, un distrito que está rodeado completamente por el mar y que es considerado como uno de los más afluentes y tranquilos de Lima metropolitana, con el Cercado del Callao, mejor dicho con los barracones del Callao. Para llegar al pacífico distrito de la punta hay que primero pasar por estas coloridas y aglutinadas calles del Callao, por el mercado y por zonas conocidas por ser focos de delincuencia juvenil. El viaje puede ser chocante para el inexperto, para el paranoico, para el pituquito. Pero una vez pasada aquella traumática experiencia el novato viajero comienza a ver las casas limpias y bonitas de La Punta, todas de una arquitectura bella y colonial, incluso sobresalen de lo que se consideran elegantes en Lima. Ya en La Punta el explorador se queda asombrado por la tranquilidad reinante en aquellas calles. Incluso se siente una paz existencial. El mar peruano está allí para lavar con sus olas frías la culpa que la causa la vida tranquila y buena del indiferente. 
Lo mismo pasa si uno se va desde el centro de Lima a San Isidro, del caos vehicular a un orden de primer mundo. No me quejo ni me sorprendo. Toda ciudad grande sufre de esa bipolaridad social. En Nueva York puedes pasear tranquilamente por el Madisson Square, Broodway Blvd, pero si te confundes de tren puedes terminar en una de los barrios más peligroso del mundo. Es la globalización que iguala a todas las ciudades, las del primer mundo y las del tercero. Así que  Lima no debe acomplejarse con Buenos Aires, Bogotá, Nueva York, Barcelona, etc. Se ha vuelto de moda convivir con la miseria y ser indiferente a ella en este mundo moderno.

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