Friday, July 29, 2011

Maldita bulla


Aquí transmito de un hombre enojado con su patria
Esta queja que hace este hombre es justa y tiene fundamento; no es producto de una alienación. Su queja no debe ser analizada con teorías post modernas ni siquiera con los estudios culturales (que están tan de moda) para explicar su reclamo. Simplemente es una queja de un hombre que está molesto, que tiene el justo derecho de reclamar, de renegar, de maldecir a esos malditos que no le dejaron dormir porque estaban celebrando no se sabe si las fiestas patrias, algún cumpleaños o tal vez un puto aniversario. No interesa. La cosa es que el ruido inconsiderado de sus compatriotas no le dejaron, a ese hombre que le es necesario un descanso pleno y de calidad, dormir. Seguro algunos reclamaran: ¿Es que ya este hombre se acostumbró a la tranquilidad aburrida del primer mundo y ahora desprecia la felicidad incontenible del tercer mundo? ¿Es que ya se le olvidó de ser peruano? ¿Qué se cree hablando así de las expresiones culturales de sus hermanos peruanos? ¡No!  Ese hombre pregunta: ¿Desde cuándo la bulla, la inconsideración, la bruta indiferencia deben ser consideradas como expresiones culturales? ¿Acaso esa gente bullanguera no sabe que el silencio es necesario para la armonía mental? ¿Es que siempre se tiene que ser bullanguero para ser feliz? A ese hombre no le interesa el imperialismo cultural ni el etnocentrismo. Qué no le vengan a palabrear con esas teorías culturales. Él solo quería dormir en paz, soñar bonito y despertar renovado, pero sus inconsiderados compatriotas no le dejaron. Por primera vez desde que llegó aquí el pobre hombre deseó estar en la tranquila y silenciosa tierra del tío Sam.  

Thursday, July 28, 2011

27'-28 de Julio


Lima es como cualquier ciudad moderna del mundo globalizado. Hay lugares paupérrimos, donde la pobreza es deprimente, y lugares elegantísimos obscenos, donde puedes caminar sin temor a ser asaltado de repente. Donde yo vivo la delincuencia es latente, o sea de la nada una bala se te cruza y, si eres salado, te puede atravesar el cerebro.  Así dejé el Callao.  Bueno, exagero un poco porque hay partes en el Callao donde se ve la abundancia económica de la que tanto se habla. Pero lo que más me impacta es la cercanía de estas zonas afortunadas con las menos privilegiadas. Un gran ejemplo es la cercanía del distrito de la Punta, un distrito que está rodeado completamente por el mar y que es considerado como uno de los más afluentes y tranquilos de Lima metropolitana, con el Cercado del Callao, mejor dicho con los barracones del Callao. Para llegar al pacífico distrito de la punta hay que primero pasar por estas coloridas y aglutinadas calles del Callao, por el mercado y por zonas conocidas por ser focos de delincuencia juvenil. El viaje puede ser chocante para el inexperto, para el paranoico, para el pituquito. Pero una vez pasada aquella traumática experiencia el novato viajero comienza a ver las casas limpias y bonitas de La Punta, todas de una arquitectura bella y colonial, incluso sobresalen de lo que se consideran elegantes en Lima. Ya en La Punta el explorador se queda asombrado por la tranquilidad reinante en aquellas calles. Incluso se siente una paz existencial. El mar peruano está allí para lavar con sus olas frías la culpa que la causa la vida tranquila y buena del indiferente. 
Lo mismo pasa si uno se va desde el centro de Lima a San Isidro, del caos vehicular a un orden de primer mundo. No me quejo ni me sorprendo. Toda ciudad grande sufre de esa bipolaridad social. En Nueva York puedes pasear tranquilamente por el Madisson Square, Broodway Blvd, pero si te confundes de tren puedes terminar en una de los barrios más peligroso del mundo. Es la globalización que iguala a todas las ciudades, las del primer mundo y las del tercero. Así que  Lima no debe acomplejarse con Buenos Aires, Bogotá, Nueva York, Barcelona, etc. Se ha vuelto de moda convivir con la miseria y ser indiferente a ella en este mundo moderno.

Tuesday, July 26, 2011

26 de Julio


26 de Julio

La verdad no sé qué hacer ahora que tengo demasiado tiempo libre. Dos días han pasado. El lunes en la tarde fui a la Feria Internacional del Libro. No pasa nada. Prefiero hacer mis compras de libros en Quilca y Amazonas. Sinceramente, no hay mucho que hacer en Lima, pero aún así no me siento angustiado. Será porque en Lima uno puede pasear y pasear... perderse libremente. No hay ojos que te miran como si fueras un loco. Incluso puedes caminar y nunca volver atrás. Bueno creo que es una ciudad como todas las ciudades que he visitado. Debo aceptar que me chocó un poco que, después de tanto tiempo, la ciudad me parece la misma. Me siento como si nunca hubiera partido de esta tierra. Siento que nunca he vivido en los Estados Unidos. Aquella vida anglosajona se ha quedado enterrada en mi memoria para siempre. Solo algunas reminiscencias han quedado. Solo a través del Facebook es que puedo recuperar esa vida pasada. Me siento, en definitiva, que he perdido cinco años de mi vida viviendo en un limbo. Será que mi propio subconsciente reprime todos esos recuerdos ingratos.  Yo mismo siento que nunca he partido, que siempre he visto las mismas casas, las mismas pistas, la misma gente. Y cuando me esfuerzo para extrañar Estados Unidos… no me sale natural. Pero debo aceptar que aquí también me siento como en un limbo. Porque sé que debo regresar a esa vida aburrida y minimizada.

Monday, July 25, 2011

25 de Julio



25 de Julio
El día de ayer salí de los Estados Unidos a las cuatro de la mañana. La madrugada estaba tibia (es verano en el hemisferio boreal) y por eso no había necesidad de abrigarse, pero mi madre me dijo que debía llevar un abrigo porque en la madre patria era invierno. De repente me puse a pensar en todos los inviernos limeños que había pasado en mi vida, tan diferentes de los inviernos de Nueva Inglaterra. En Connecticut el invierno es hermoso pero peligroso. La nieve le da un aspecto inmaculado a la tierra, pero para transportarse en aquella acumulación de tierra suele ser peligroso. En cambio, según recuerdo, los inviernos limeños afean un poco la ciudad, pero invitan a la introspección, al pensamiento existencial, a toda clase de conjeturas sobre la vida. Es un invierno moderadamente pasable y, si uno es cauto, puede incluso hasta disfrutarlo. Bueno pues, ahí estaba yo con toda mi familia alistándonos para regresar a la querida patria.  La sala estaba hecha un desastre: las maletas lo habían inundado todo  y para colmo todos estábamos nerviosos (incluso mi paciente padre). La movilidad ya nos estaba esperando para ir al aeropuerto, pero mi madre se resistía ya que habíamos citado al chófer a las 4 y aun eran las tres y media. Seguramente mi madre quería cerciorarse de que todos sus cachivaches estaban en las maletas correspondientes. Anyway, la cosa es que a las cuatro  estábamos listos para dejar la tierra del tío Sam por aproximadamente un mes.
En la oscura carretera tuve la sensación de que estaba dejando mi segundo país para siempre, que después de cinco años mi padre había decido que era  necesario reencontrar nuestras raíces peruanas. Lo imaginé así y comencé a ver por última vez el paisaje de aquel pequeño y tranquilo pueblo llamado New Milford. Lo vi tan diferente. En medio de su soledad oscura, sus casas, sus tiendas, sus  montes y sus árboles me despedían para siempre. “Adiós, mi querido amigo Dennis. Fue un placer tenerte aquí y espero que nos recuerdes con cariño.” Si esta era la última vez que veía a New Milford, pensé, entonces creo que es una buena despedida.  Sin embargo algo me hizo recordar que tenía que regresar y que volvería a ver los mismos arboles, las mismas casas y  los mismos montes otra vez. Así es la vida.
            Para no aburrirles (je, je, je pues como que yo también me estoy aburriendo) les diré que no hay mucho que relatar sobre el aeropuerto JFK. Si ya han viajado en avión sabrán lo molestoso que es transportarse por esa vía: registrar las maletas, registrar tu vuelo, ser revisado en el check point y finalmente abordar el avión; luego, esperar que todos los pasajeros acomoden sus maletas, escuchar a las aeromozas dar las instrucciones de seguridad y finalmente esperar que el avión despegue. Creo que eso es lo único emocionante de viajar en avión: ver cómo despega el bendito aparato. Después como que la emoción se te va y ya no te sorprende estar a nosecuantos pies de altura. Peor aún, a veces me da la paranoia de imaginarme que el avión se va en picada.
            El piloto: señores pasajeros les pido por favor que se agarren bien porque nos vamos todos pa el carajo
En fin, tuve que repetir aquella rutina por segunda vez porque para llegar al Perú pues mi vuelo hacía escala en Panamá. Lo que sí me sorprende, y que recién me he dado cuenta, es que en Estados Unidos la gente no aplaude cuando el avión tiene un aterrizaje perfecto. En cambio nosotros, los peruanos, aplaudimos cuando el avión aterriza en una sola pieza. Nos emocionamos como si el piloto nos haya salvado la vida.  Creo que así revaloramos la ardua labor del piloto.
La reunión con la familia en el aeropuerto fue relativamente emocionante. Esta vez mi tía no lloró como las dos últimas ocasiones.  Vi a mi tío Julio y a mi primo Jeremy. También vi a un señor desconocido, que según decía era un amigo de la familia. Lamentablemente no lo saludé. Una vez ya en las afueras de aeropuerto Lima, me sorprendió la frescura del ambiente. “Así que este es el invierno” me dije. No quiero minimizar el invierno limeño pero creo que no estaba tan frío como mis amigos me habían dicho. Tal vez era una noche menos fría de lo normal. 
Aparte de haber traído su carro, mi tío había contratado una combi para transportarnos a la casa. Yo opté por ir con él, mis dos primos y mi hermano menor. El resto de la familia se fue en la combi. La avenida Faucett no había cambiado desde la última vez que la vi. Solo había más carteles publicitarios. Todo estaba bien hasta que mi tío me dijo que tuviera cuidado de los marcas. Me había avisado que me fijara si algún carro nos seguía. Yo ya había leído sobre los marcas en los periódicos, pero pensé que exageraban y que  solo robaban fuertes cantidades de dinero. No le dije nada dado que él era el experto en asuntos de seguridad así que me fijé que ningún carro nos seguía. La empresa era difícil porque estábamos de noche y esto dificultaba la identificación apropiada de algún carro sospecho. Bueno, me dije, no creo que el asalto sea tan traumático. Cuando llegamos a la casa lo primero que hice fue buscar a mi abuelita. Felizmente que no estaba durmiendo  así que la abracé fuertemente y le di muchos besitos. Después de todo ella era la matriarca de la dinastía Zavala.Después de los besos tuve que esperar a la familia. Para pasar el rato me puse a conversar de política con mi tío.
Con toda la familia reunida, nos dispusimos a celebrar el reencuentro. Y para eso mi tía propuso ir a comer pollo a la brasa. Pero ya estábamos muy de noche así que optamos por mandar a mi tío y mi hermano mayor a comprar el delicioso pollo solo para llevar. Cuando el pollo llegó todo fue alegría y felicidad. ¡Urra! Por fin iba a comer el verdadero pollo a la brasa. Lo siento amigos gringos el pollo a la brasa peruano que comen en Estados Unidos no es el verdadero. No es lo mismo queridos amigos. Si alguno dice que lo es pues está mintiendo. ¡La verdadera comida peruana se come en el Perú!
One hour later… ya toda la familia estaba satisfecha del banquetón que nos habíamos comido. Como es tradicional, nos pusimos a conversar un poco sobre la vida. No quiero ser meticuloso en este aspecto ya que muchas cosas que hablamos no son de dominio público, pero quiero decirles que me sentí contento de hablar otra vez en español.  O sea con otras personas a parte de mi familia nuclear. Para mí no es lo mismo hablar español en Estados Unidos que en Perú. En gringolandia muchas veces tengo que hablar un español estándar para hacerme entender con otros hispanohablantes y con personas que están aprendiendo el idioma. En cambio me siento más liberado al hablar con las jergas, el dejo y el tono del típico de un peruano(más especifico del limeño barrunto.
Para terminar quiero decirles que me sentí contento por la primera gran noche. Aunque un sentimiento de melancolía me había invadido al ver la casa mía nuevamente, me sentí regocijado por estar de nuevo en mi patria. Ya contaré más detalles sobre mis experiencias e impresiones de este viaje. Espero no haberles aburrido…
Ahora pues ya es de mañana y tengo  mucho por hacer. 
Post data: Ahora el pan está cinco por un sol!

Prologo


Bueno, bueno… ¿Cómo comenzar esta crónica? ¿Con una presentación sobre mi persona? En realidad no tengo nada que decir de mí, excepto que soy un peruano que vive en los Estados Unidos y que, ocasionalmente, sufre de ataques melancólicos. En esta ocasión mis ataques me han traído de vuelta a mi tierra.  No es que no me haya adaptado a la sociedad angloamericana sino que, bueno pues, aún me sigo sintiendo peruano (aunque eso está por comprobarse). Y por eso, creo que siempre regreso al Perú. Ya llevo cinco años viviendo en gringolandia y he regresado ya dos veces. Este es mi tercer regreso. Por eso quiero hacer una crónica sobre mi estadía. Creo necesario registrar mis experiencias de repatriado. Quiero analizar a mi tierra nuevamente con una rigurosidad académica, pero también con mi sensibilidad de escritor de ficciones. Quiero que esta crónica sea tomada en serio y a la vez que divierta al lector. Finalmente quiero decir que el Perú es un gran país que tiene sus defectos y problemas (¿qué país no los tiene?) pero que sus virtudes sobrepasan aquellos defectitos. Espero que disfruten de estas crónicas de principiante y también espero que las lean… ¡por favor! :)